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Por: Javier López Sánchez [1]
La noción de interculturalidad desde el maya-tseltal, equivale a decir jkich´elbatik ta muk´, que significa llevarnos muy en grande, es decir, saber ser y saber estar con los unos y los otros, mujeres y hombres, así como con la madre tierra. En otras palabras, significa el respeto mutuo que se debe tener en cuenta en los diferentes encuentros del uno con el otro. El respeto mutuo significa que nadie es más y nadie es menos, nadie sabe más, nadie sabe menos, solo hay sujetos diferentes, por lo tanto, diferentes cosmovisiones, conocimientos, valores y experiencias. Desde la interculturalidad maya -tseltal, se comprende que al tratarse de seres humanos, todos somos potencialmente valiosos e importantes. Así, en la interculturalidad se reconoce que cada sujeto, por el hecho de pertenecer a un grupo cultural y lingüístico, cuenta con conocimientos y valores construidos social e históricamente, por ende, su validez no es desvalidada por ninguna otra persona u otro grupo sociocultural, y tampoco se erige como verdad única y válida para todos.
En la interculturalidad se conoce, reconoce, valora y aprecia al diferente, al otro. Esta idea es porque solo al contacto con el otro es que llegamos a relativizar lo propio y lo ajeno. Solo se aprenden otras visiones del mundo, otras formas de vivir, otras formas de organizarse, de relacionarse, de hablar etc., al entrar en contacto con lo diverso. Este es uno de los aportes centrales de la interculturalidad, comprender que el otro nos enriquece, por lo que su mayor impulso es el pleno conocimiento de lo diferente. No se puede valorar lo que no se conoce. El conocimiento, va aparejado al reconocimiento del otro, en el sentido de su valoración y aprecio. La interculturalidad, nos aporta ideas fundantes para aprender a vivir entre diferentes, lo cual, exige a los sujetos sociales el desarrollo de competencias. Para el desarrollo de competencias interculturales, es menester pasar por dos momentos complementarios fundamentales; en primer lugar el autoconocimiento y autovaloración de lo propio, de uno mismo (saber ser-intraculturalidad), en segundo lugar, el conocimiento, reconocimiento, valoración y aprecio de lo diferente (saber estar-interculturalidad)
La interculturalidad no suprime las diferencias, más bien las potencia y las visibiliza. No busca acabar con los conflictos que se producen en el encuentro con lo diferente, pues reconoce las complejidades que se presentan en las diferentes prácticas e interacciones sociales, y sí aporta herramientas sustantivas como el dialogo intercultural. Este dialogo entendido como reciproco encuentro humano y que supone condiciones simétricas, nos lleva a la posibilidad de alcanzar una auténtica justicia social, a la construcción utópica de una sociedad más plural, democrática e incluyente, y así, erradicar todo indicio de discriminación, racismos y exclusión. Cabe mencionar que un auténtico jkich´elbatik ta muk´ no trata solo del elogio a lo diferente, sino de una verdadera posibilidad de transformación individual y colectiva que permita una vida social más armoniosa y de mayor respeto entre los unos con los otros.
La educación juega un papel fundamental para alcanzar los preceptos antes descritos. Así, la educación que exige el siglo XXI, se resume en la tesis que postula la educación en y para la diversidad con enfoque intercultural, lo cual supone, una praxis pedagógica concatenada con la pluralidad epistemológica en el proceso de aprendizaje desde las escuelas y los salones de clase.
[1] Pueblo de pertenencia maya-tseltal de Chiapas. Actualmente, Director de Investigación del Instituto Nacional de Lenguas Indígenas, México D. F.
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